Jean
Carlos vuelve a escena esta noche a las 23.30 en
el complejo Forja, cantando los temas de su último
disco, Vale la pena. Su público ya lo sabe, y
sabe también que el cantante se encuentra en
medio de tres festejos. Por un lado, se acerca el
noveno aniversario del lanzamiento de su carrera
solista, una carrera que lo ha visto crecer junto
a gente, amoldando sus raíces musicales
centroamericanas al pulso popular de la ciudad
hasta convertirse en un referente del merenteto
(merengue más cuarteto). y por detrás de este
presente se inscriben los otros dos onomásticos.
La quinceava temporada desde su radicación en Córdoba,
procedente desde República Dominicana, allá por
1990. Y por último el auténtico cumpleaños, el
biológico, el número 34, que celebró el 15 de
febrero.
Por todo esto Jean Carlos empieza la charla
haciendo una especie de balance: “Ha sido una
vida verdaderamente buena –reflexiona–.
Sacrificada. El lugar se ha ganado con esfuerzo. A
lo mejor hay algunos que piensan que como venimos
de otro país se nos hace más fácil. Muchos que
vinieron en los años ‘40, españoles,
italianos, se encontraron con un país bastante
generoso, que vivía tiempos de oro. Para mí
también fue difícil comenzar. Pasaron muchas
cosas aquí, en este país, como ustedes saben. Y
el camino que he recorrido, algunas orquestas,
donde obtuve las cosas maravillosas que hoy me están
dando fruto, ha sido a través del trabajo. El éxito
es tener trabajo. Vivo de lo que me gusta y ya eso
es un privilegio y un éxito. Después, yo le
llamo éxito a otras cosas. Al hecho de poder
decir bueno, voy a hacer un recital y después voy
a descansar 15 ó 20 días. Eso es hermoso”.

–También debe haber sido difícil, al comienzo,
traer el merengue y mezclarlo con el cuarteto
cordobés. Que el cordobés aceptara esa
intervención.
–Córdoba es muy tradicionalista. Cuando
nosotros llegamos, me acuerdo que estaba el
“Negro” Ángel Videla, que fue con quien
nosotros vinimos a trabajar. Y aprendimos bastante
de la gente. En aquel tiempo se hacía una música
que no era aceptada para nada, en cuanto al
contenido que tenía de percusión, de saxofones.
Se usaba mucho lo que era la trompeta y era más
estética la cosa. Se tocaba muy durito y nada más.
No había un baile arriba del escenario. Yo me
acuerdo que el único que se tiraba al suelo y
bailaba era “la Mona”. Pero no había una
coreografía de parte de ningún grupo. Y la gente
decía que estábamos demasiado adelantados.
–¿El adelantado eras vos?
–No, el “Negro” Ángel Videla. En lo
musical. En cuanto a espectáculo, para lo que era
la música de Córdoba. Y no se dio. Todo lo que
se da, es éxito, y pega, ahí la gente lo ve como
éxito. Después de haber estado con el
“Negro” Ángel Videla formamos un grupo que se
llamaba Rataplán. Y ya comenzaron a criticar que
no íbamos a andar porque esa música no era para
los cordobeses.
Hacia las bases cuarteteras
–¿Hacían una música muy centroamericana?
–Sí, porque era más merengue. Y hacíamos un
poco de salsa. Y en realidad tuvieron razón. Pero
después que yo empecé a andar con otros grupos,
que estuve con Sebastián, que comienzo a
experimentar bien lo que es el cuartero, las bases
cuarteteras, después de Sebastián, y con Trulalá,
empecé a sentir y a darme cuenta de que sí o sí
tenía que mezclar el ritmo de merengue con el de
cuarteto. “Estamos viviendo en Argentina –les
decía yo a los chicos–. No estamos viviendo en
Santo Domingo. Tenemos que hacer lo que a la gente
le gusta. Poner el pianito, ponerle los saxos,
poner una güiras aunque sea al revés.
–¿Y entonces?
–Lo que yo hice fue poner muchas cosas con las
bases cuarteteras, y después disfrazar todo de
merengue. Y eso fue lo que nos dio el resultado
mayor: el hecho de que la gente acepte hoy lo que
hacemos. Hoy por hoy hacemos una onda más
merenguera, más tropical, pero viene ya con una
base. Como se dice: “Al engañito”. Hacemos
esto y esto y cuando la gente está adentro
metemos el piano, el merengue, y bueno, hoy la
gente baila de una manera completamente distinta.
Hay muchos grupos que hoy tienen coreografía,
tienen tambora, güiras. Cosas que uno no pensó
nunca que podrían revolucionar. Una revolución
que me llena de satisfacción. Cuando veo a un
grupo haciendo eso me emociona. Me preguntan si me
gusta que me imiten, y sí me gusta.
–¿Se toca bien el merengue en Córdoba?
–Hay algunos que lo hacen muy bien. Hay otros
que recién comienzan y por no tener la gran
experiencia... Pero hoy el 80 ó el 90 por ciento
de los grupos que están haciendo este tipo de música
son grupos que sacan canciones de allá, de
Centroamérica. Y se les hace más fácil.
Inclusive yo mismo por ahí saco temas de allá.
Luego me he abocado más a hacer mis canciones,
mis arreglos, para darle una identificación. Para
que cuando escuchen una trompeta, o una base,
digan: “Ese es Jean Carlos”. Eso no es fácil
de lograr. Hay que estar ahí. Trabajamos para
eso. Para darle una identificación, un estilo, a
lo que hacemos.

–¿Así que la manera de bailar también cambió?
–Yo no lo esperaba, te digo la verdad. En el
momento nadie se jugaba a hacer este tipo de
cosas. Fue un desafío. Yo me arriesgué en varios
discos, que después decían: “Este disco no
anduvo”. O: “¿Qué grabó este tipo, yo no
entiendo nada?”. En un momento me dijeron que lo
que yo estaba haciendo no servía. Mezclaba lo mío
con pop. Y entonces pensé, bueno, quizá con el
tiempo; de golpe nada entra. Y Rompiendo el hielo,
el disco que hice con ese gran productor de rock y
pop que es Afo Verde, el productor de Bandana,
Diego Torres y Vicentico, toda esa gente, fue uno
de los que más le vendió a la compañía en los
últimos tiempos. En Buenos Aires pegó bastante.
Y pegó en un lugar inesperado por nosotros: en
los boliches, las discotecas. Y gracias a Dios se
vendió. Quizá para el cuarteto no fue un boom,
pero en otros lados gustó y se vendió. Quizá
perdí en ese momento por un lado, pero lo logré
por otros. Fue algo muy positivo y aprendí mucho.
Después hice Elegido por la gente, que me llevó
un poco más hacia el cuarteto, y después
grabamos Vale la pena.
Sin red de producción
–Ahora además estás editando tus discos por
fuera de la industria. ¿Cómo influye eso en la
producción de los discos? ¿Y en lo artístico?
–No te voy a decir que influye en lo artístico.
Influye más en el sentido empresarial, a nivel
producción. Este disco fue hecho con mucha pasión.
Yo nunca fui una persona que me quedé con que
viniera un productor de otro lado y me haga mi
disco. Todos mis discos, desde el primero hasta el
décimo, aún dentro de la industria, los he hecho
yo. Incluso trabajando al lado de Afo Verde. A
veces, entre artistas nos apoyamos, dentro de una
compañía, y se nos hace más fácil. Ahora, al
ser producción propia, teníamos que organizar de
nuevo la oficina, formar una estrategia de trabajo
para que el disco llegue y se escuche en el país.
Gracias a Dios hicimos un buen plan. Y si hizo
falta llevar el disco a lugares adonde no llegaba,
lo hicimos. Era era la forma. Nos falta llegar más
al sur del país.
–¿Hay que renovar la visión que tienen fuera
de Córdoba del cuarteto? ¿Abrirle un poco más
la percepción a la gente?
–Te cuento que yo trabajo en Córdoba y también
en otros lugares del país. La gente acá va al
baile de “La Mona” y a otros. Tiene
identificada la cosa. Cuando fui a Buenos Aires,
querían como mezclar e ir al choque. Me decían
“Rey del Cuarteto”. Y yo les contestaba: “Yo
no soy ningún ‘Rey del Cuarteto’. Yo hago un
estilo completamente particular. Hago una mezcla
de cuarteto con merengue. Si hablan de Rey del
Cuarteto, ustedes ya lo están mencionando.
‘Rey’ es ‘La Mona’. Entonces, no mezclemos
las cosas, hablemos de mi carrera, hablemos de mí”.
A partir de ahí empezaron a mirarme de otra
manera en Buenos Aires. Sabían que a mí no me
gustaba el chismerío. Yo dije: “Yo el día que
quiera lograr algo lo voy a lograr por mis dotes
artísticas, no por el hecho de colgarme del éxito
de otro”. Gracias a Dios nunca me pasó de
colgarme de otro para tener un poco de cámara.
Siempre defendí lo mío. Lo que creo que podía
defender.
–¿Y después?
–Sin embargo, en las otras provincias del país,
no tienen ese tabú de “la Mona” o Jean
Carlos. Ellos saben que si van a consumir un
espectáculo de Jean Carlos se van a encontrar con
merengue, baladas, cumbia, pop. Hace poco,
estuvimos en Mendoza e hicimos un show para
mayores de 21 años donde hicimos canciones de Los
Gatos Negros, de Los Iracundos. Algunos no
entendieron por qué era para mayores de 21 años
y se ofendieron. Pero por el tipo de espectáculo
que montamos, no podíamos tocar otras canciones.
Yo tengo una formación musical que es de mi papá.
El escuchaba Los Gatos Negros, Los Iracundos, Los
Galos, Los Moros. Ese es mi oído... esa es mi
filiación musical. Por esa razón nunca dejé de
grabar clásicos.
|
“Piensa
siempre en las letras”
|
|
|
–¿Qué
dice tu papá de tu música?
–Mi papá, Dios lo tenga en el Cielo,
falleció. Pero tengo el mejor recuerdo de
él. Un día me dice: “Mira Jean Carlos,
el día que seas un gran artista (porque él
me tenía mucha fe), piensa siempre en la
letra”. Por más que hiciera canciones
bailables, quería que respetara eso. Porque
más allá de que las canciones sean
bailables, la gente las escucha.
–Dentro de poco cumplís 9 años como
solista. ¿Qué recordás de aquel 13 de
abril de 1996 en que debutaste en Las
Palmas?
–El mejor recuerdo mío es cuando debuté.
Cada vez que llegan estos aniversarios, doy
gracias a Dios, porque me acuerdo que esa
vez tenía mucho miedo, porque no hay algo a
lo que se le pueda tener más miedo que al
fracaso. Cualquier persona puede tenerle
miedo al fracaso, no sólo al musical sino a
decir: “Me separo. Amo a una persona pero
me separo”. O puede perder a un familiar y
dice: “Es un fracaso”. Y me acuerdo que
cuando fui a Las Palmas, me puse un
esmoquin, mi primer traje, para subir a
cantar. Y me dio una gran sorpresa el hecho
de que hubiera unas 5.000 personas en el
lugar. Fue mi debut y mi primer disco. Hoy
en día todavía canto todas esas canciones.
|
|