Primicia
total : el nuevo cd de Sebastian Mendoza se va a llamar : Unplugged
En la foto Seba junto a
altos Cumbieros Y Supermerk2
EL ORO JUNTO A
FANTASTICO
Sebastian
Mendoza ya es disco de oro y eligio a FANTASTICO BAILABLE para recibir el
galardon.
El viernes 19
SEBASTIAN MENDOZA recibio su disco de oro y junto a el tambien estuvieron :
SUPERMERKA2 - EL GRUPO AVENTURA - CORRE GUACHIN - MARCELINO - BANDA LUNA Y
MUCHOS OTROS
LA
CUMBIA ROMANTICA, EL REGRESO A LAS FUENTES QUE ENCARA SEBASTIAN
MENDOZA
“No me quise subir al tren de la villera”
Aunque una nueva generación de cumbia
villera sigue arrasando, hay otros exponentes que empiezan a
pisar fuerte, como Sebastián Mendoza.Con su grupo
semifamiliar toca en los mismos barrios y en los mismos
clubes, pero sus letras no encarnan la síntesis “bandido y
tóxico”.Mendoza y los otros cultores de la cumbia norteña,
en cambio, simplemente hablan de amor.
A la hora de elegir género,
tras Malagata, cambió rumbo.
El
remisero –al que le brotaron dos lamparones en los sobacos de la
camisa– prueba todos los espejos retrovisores, visualizando las
posibles vías de escape en caso de una emboscada. “Mirá que yo soy
chofer, no corresponsal de guerra”, aclara. “En cualquier momento
pego la vuelta.” Papirola, el manager de Sebastián Mendoza, escucha
el comentario desde afuera, sobre una apacible callecita de tierra de
Barrio Lindo, en la zona de Monte Grande. “Quedate tranquilo, papá,
que acá somos Coca Cola, nos conoce todo el mundo”, dice acodándose
en la ventanilla. A los costados de la escuelita Alfonsina Storni, las
pintadas de cal rinden tributo a Damas Gratis, al igual que las
mochilas de las nenas que cuchichean entre risitas cuando Sebastián,
el cumbiero cachorro, salta las escaleras de la entrada al colegio.
Después de firmar autógrafos y generar un revuelo en hora de clases,
el Seba sale acompañado de Milton (su hermano menor y percusionista)
y un grito de varón se impone desde la ventana enrejada del primer
piso de la Storni: “¡Aguante La Base, puto!”.
Si Sebastián es una estrella romántica en formación, La Base es la
última gran pegada de la cumbia villera. Mientras el guachín canta
“acércate, no tengas miedo, después de tanto tiempo me debes
conocer”, los básicos arengan: “Argentinos, llegó la hora de
jalar (léase aspirar) y está bien”. Cuando buena parte de la
industria apostaba a que el subgénero bandido y tóxico empezaba a
extinguirse, de pronto ganó territorio una segunda generación, más
prediseñada y desbocada que la fundacional: La Base, Altos Cumbieros,
La Trucha, Re Piola, Eh! Guacho, El Punga, SuperMerK2... “Salí a
pelearla en un momento muy difícil para la música que yo hago”,
asume este cantante de cumbia norteña de 19 años. “Están todos en
la moda de la cumbia villera. Yo no me subí a ese caballito al que se
suben muchos. Traté de pelearla con lo mío.”
A los 12 años, Mendoza tocaba rock en bandas de barrio, en especial
covers de La Renga. A los 15 conoció al dueño del legendario grupo
Malagata (liderado en sus comienzos por “El Maestro” Antonio Ríos),
quien poco tiempo después le propuso sumarse como vocalista. “Fue
difícil de llevar, porque Malagata siempre tuvo cantantes mayores de
edad, con mucha experiencia. Y yo la única experiencia que tenía era
el barrio: tocar con los amigos, cantar en los cumpleaños, en el
corso, por el sánguche y la Coca, como quien dice. Pero ahí aprendí
muchas cosas: a manejarme arriba del escenario, a ser un showman.”
A un par de cuadras de la escuela, sobre la calle Polonia, el rancho
de los Mendoza huele a ruda. Construida debajo de un árbol que se
cierne sobre un techo de chapa acanalada, la casita tiene una puerta
con tiras de plástico y un equipo de música que alterna la radio y
el flamante segundo disco de Sebastián, Todo bien. A través de un
jardín de yuyos, el estrafalario Papirola habla por teléfono inalámbrico
moviendo los brazos. Dos
fanáticas del Seba –una de 13, de Lugano, y la otra de 23, de Núñez–
observan al ídolo desde la vereda, suspirando y comentando algo cada
vez que su culo comete algún tipo de flexión. A la mayor le da pánico
hablarle, pero cree suplir esa tara con un escote permisivo.
Mariela, la hermana del cumbiero, ceba mate debajo de un alero de
chapa y comenta que todos los días hay chicas haciendo guardia del
otro lado del cerco. Pero la casa funciona a puertas abiertas. En la
parte de atrás del terreno se erige un galpón en el que ensaya y
duerme la banda durante las pocas horas muertas que impone el vértigo
bailantero del fin de semana. En ese mismo lugar –decorado con fotos
familiares, figuritas religiosas y una bandera de Laferrère–,
Alfredo Mendoza, padre de Sebastián y compositor de algunas de sus
canciones, machacaba su rocanrol sureño antes de que el pibe se
convirtiera en astro de los bailes del conurbano. “Sebastián se crió
acá, rodeado de música”, se enorgullece Alfredo, hombretón de
melena entrecana que exhuma cierto aplomo de cacique.
Cuando terminó lo de Malagata “por problemas contractuales”, no
pasó mucho tiempo hasta que Sebastián armó una banda con su
hermanito, un par de primos y amigos del barrio. “Nos juntamos a
tocar con instrumentos prestados, con mi batería que estaba toda
rota, de la nada. Hasta que empezaron a surgir un par de propuestas de
diferentes productores y representantes”. Decidieron tocar norteño
y, por consejos de la oficina que los contrató, lanzarse como el
proyecto solista del cantante. “Hay muchas bandas de barrio que
eligen hacer norteño, creo que es el estilo que elige el 70 u 80 por
ciento de las bandas de los barrios pobres”, calcula Sebastián. Si
fuera por el contexto social, él también tendría “chapa” para
hacer villera. “Yo vivo en un barrio humilde y aprendí a caminar la
calle con pibes más grandes que yo. Pero no por eso voy a salir a
gritar que soy reloco. Si la gente me acepta, va a ser por las
historias de amor que cante. Hay algunos que cantan cumbia villera y
la van de rehumildes, y yo sé lo que sale la ropa deportiva que usan,
y por ahí tienen puesta una luca en pilcha. Se contradicen en muchos
puntos.”
Las influencias de Mendoza se encuentran en grupos como Sombras (en
especial en la etapa de Daniel Agostini), La Nueva Luna, los
cachaqueros Mensajeros del Amor, artistas que viven una ardorosa
existencia paralela al boom villero. El Seba es el emergente estelar
de una corriente que recupera los conceptos fundacionales de la movida
(dulzura rítmica, hedonismo suburbano, ortodoxia musical norteña y
santefesina) y cuyo efecto exhibe algunos síntomas elocuentes. Pablo
Lescano, líder de Damas Gratis y cerebro de la cumbia villera,
reivindica desde hace tiempo las bases del género, luego de haber
sido uno de los principales mentores de la cumbia “cachivacheada”
con ritmos jamaiquinos. Al mismo tiempo, el grupo La Retro se prepara
para lanzar su debut y explicitar cierta tendencia tradicionalista.
“De lo nuevo, hay muy poco que sea diferente”, observa Sebastián,
que supo ganarse el respeto de “la vagancia” en un momento en que
lo meloso no está del todo bien visto. “Por vivir en un barrio
pobre y escuchar cumbia villera, no van a dejar de pasarte cosas del
corazón. A mí me tocó bailar con la más fea muchas veces. Toqué
en la noche de la cumbia villera con Damas Gratis, Pibes Chorros,
Metaguacha y en el medio, redesubicado, Sebastián Mendoza. Y me
recibieron diez puntos. Porque con los pibes de la banda tratamos de
no vender ninguna, tiramos la que sentimos, que es tocar cumbia. Somos
los pibes que tocan norteño”.
Es viernes después de la medianoche y en el baile Kory Huayra de
Pompeya, epicentro de la colectividad boliviana, el nombre de Mendoza
relampaguea en neón contra la marquesina que da a la avenida Sáenz.
Es el primer show del fin de semana y las chicas en la pista se pelan
la garganta. El ídolo se acomoda el pelo cepillado, bate palmas y
canta “Siempre” con esa voz azucarada que vibra entre la astucia
callejera y el corazón dolido. El ritual comenzó más temprano, en
el rancho de Barrio Lindo. Todos los viernes, las chicas de los fans
club se congregan en la calle Polonia para salir de caravana detrás
de la combi.
“Van a todos lados, agitan y hacen las cosas que yo no haría por
nadie, si te digo la posta”, comenta Sebastián, que termina de
cantar media hora en Kory, vestido de traje y zapatillas blancas, y se
calza un buzo canguro para fotografiarse en la trastienda del boliche
junto a las decenas de chicas que quieren un retrato con él. Muchas
de ellas van a estar en todos los bailes de la noche, prendidas en la
gira hasta que el sol aplane el perfil del suburbio. “Así como
salen del último baile, se toman el bondi, se van sin dormir a hacer
la cola a la puerta del canal (América) y aguantan toda la tarde
hasta las ocho, que tocamos nosotros. Así como salen, van a sus
casas, se bañan y vuelven a mi casa para salir en la gira del sábado.
Otra vez toda la noche.”
A la salida de Kory, dos pibas dirimen a golpes un conflicto de
vaqueros. Sebastián se mete en la combi y los asistentes alientan el
despegue de la primera madrugada. Será un viaje a 140 kilómetros por
hora en sostenida dirección sur: Temperley, Florencio Varela y
Quilmes. Más vértigo, más humedad, más romance. “Para mí esto
sigue siendo una fantasía, un sueño”, había dicho Sebastián,
hundiendo la cabeza entre los hombros. “Es una fábula que vivo día
a día. Y llega el lunes y estoy de nuevo en mi casa, con mi vieja, en
el mismo barrio donde nací y donde quiero vivir para siempre.”
ZAPATOS
O ZAPATILLAS
La
indumentaria de los cumbieros es un factor casi tan decisivo como el carisma
escénico. Sin embargo, la producción es a veces menos meditada de lo que
se supone. En la movida tropical existe la figura del “dueño” del
grupo: la persona que define todos los aspectos del negocio, incluyendo el
vestuario. En un ambiente de uniformidad estética (excepto en casos como el
tropi-rockabilly Pocho la Pantera, el canon era larga cabellera espumosa,
ambo y toques de color), la cumbia villera revirtió la moda e impuso el
look de la ropa deportiva, muy a la manera del hip hop yanqui (jeans,
remeras anchas). Gonzalo Ferrer, líder de Amar Azul y productor de Guachín
(cumbia protovillera de base colombiana y bombo tribunero), decidió que sus
muchachos debían lucir como barras bravas. “Corte cancha”, resume
Ferrer. “Remeras de fútbol, medio rotosos, que representaran los gustos
de los pibes que van a verlos: fútbol, cumbia y escabio. En su momento
(1997) fue muy cuestionado. Es más, en la televisión no los querían dejar
tocar. Ahora ponés América y están todos vestidos así.” La apariencia,
desde entonces, empezó a dar señales distintivas entre la villera y la romántica.
En el tiempo en que cantaba en Malagata, Sebastián Mendoza vestía traje y
zapatillas Topper blancas, “por una cuestión de comodidad y estilo”.
Sin proponérselo, se convertía en una versión bonaerense de la estrellas
del retro-rock neoyorquino, The Strokes, que con sus sacos de feria
americana y sus All Stars gastadas dictaron la moda rockera de los últimos
años. Ahora Sebastián reemplazó las Topper por un par de Nike, pero el
look de los cumbieros es tan característico y de algún modo inmutable que,
sábados atrás, cuando salió a cantar en televisión con zapatos, el
suplemento tropical de Crónica publicó que el pibe había abandonado las
zapatillas por directiva de quienes lo manejan. “Por eso al sábado
siguiente –cuenta el cantante– las lustré bien y salí a cantar con las
zapatillas bien blancas.”
MUY
PRONTO LO NUEVO
Sebastian Mendoza ya
termino de grabar su nuevo cd "todo bien" y muy pronto estara a la
venta en todo el pais
Sebastián
Mendoza esta preparando una nueva producción para el sello Magenta con un
ritmo norteño innovador, este cantante que empezó su carrera artistica con
su padre en los Pony´s, esta muy contento con nuevo emprendimiento y su
nuevo material que empezaron a preparar, ya que cambia un poco el ritmo
tradicional norteño por algo mas moderno pero sin perder la esencia y el
sabor de la cumbia.
En una breve charla con Sebastián en los estudios de Pasión de Sábado,
donde se presento nos dijo que quiere agradecerle a la gente del sello
Magenta por darle la confianza y la responsabilidad de poder grabar este
nuevo material para su compañía, al publico y los fans agradecerle
eternamente por su continuo apoyo.